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Fallecimiento del Prof. Evaristo Sánchez Yus

por | Ago 31, 2026 | Noticias

El pasado 26 de agosto falleció el Prof. Evaristo Sánchez Yus tras un largo periodo de deterioro por un proceso vascular. Para todos los que tuvimos el privilegio de formarnos con él y de aprender de él, su pérdida supone la desaparición de un pilar fundamental en nuestra formación y nuestra forma de entender la Dermatología y la Dermatopatología.

El Prof. Sánchez Yus ha sido, sin duda, la principal figura de la Dermatopatología española de los últimos 50 años, tanto a nivel nacional como internacional y un verdadero maestro en la materia para muchas generaciones de dermatólogos y patólogos. Nació en 1938 en Daroca (Zaragoza) y estudió el bachillerato en el Colegio de los Jesuitas de Zaragoza con un expediente académico sobresaliente. Realizó sus estudios de licenciatura de Medicina en la Universidad Complutense de Madrid, a la que después dedicó su actividad asistencial, académica e investigadora como profesor de Dermatología, dermatólogo y dermatopatólogo durante toda su vida profesional. En su formación y su manera de entender la Medicina en general y la Dermatología en particular, ya desde sus etapas iniciales, se podía intuir su espíritu perfeccionista e inconformista, como lo refleja el hecho de que después de haber finalizado los dos primeros cursos de su Licenciatura con calificaciones brillantes, llegó a la conclusión de que no había estudiado las asignaturas de esos dos primeros cursos como él creía que debería haberlo hecho, y tras largas discusiones para convencer a su padre, farmacéutico de Daroca, empezó otra vez su licenciatura desde el primer curso. Se sintió mejor después de repetir esos dos primeros cursos que ya tenía aprobados.

En mi opinión, si hubiera que destacar una característica profesional como Dermatopatólogo del Prof. Sánchez Yus, yo diría que era un auténtico científico, en sentido estricto del término. Cada vez que leía en algún artículo nuevos hallazgos, nuevas técnicas, nuevos criterios de diagnóstico histopatológico o nuevas entidades, el paso siguiente para él era comprobarlo en su microscopio y en su material. Había que corroborar en sus casos y en su material del archivo de bloques que lo nuevo que acaba de describirse era real, y sólo después de esa comprobación, él lo aceptaba como válido. Su conocimiento enciclopédico de Dermatología y Anatomía Patológica (se formó en ambas especialidades, como patólogo en la Fundación Jiménez Diaz de Madrid y después como dermatólogo en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid) le llevaba a ser inicialmente escéptico con cada nueva descripción, y frecuentemente nos mostraba a los residentes descripciones en revistas dermatológicas inglesas o americanas de “nuevas entidades” que ya habían sido publicadas previamente, a veces muchos años antes, en revistas francesas, alemanas o incluso españolas. Sólo se creía lo que él veía en su microscopio y revisaba críticamente todos los artículos que leía, que eran muchos diariamente. Cuando sus residentes escribíamos un artículo, lo más difícil para nosotros no era que fuera aceptado por el editor de la revista en cuestión, sino que pasara el filtro del Prof. Sánchez Yus dando su visto bueno. Nos enseñaba Dermatología y Dermatopatología y, a la vez, nos transmitía su espíritu crítico con la literatura médica. Durante 12 años fue el director de Actas Dermo-Sifiliográficas donde revisó cada artículo antes de aceptarlo con ese mismo espíritu crítico e inició el camino para conseguir que nuestra revista fuera incluida en el PubMed. Más de 40 años después, sus antiguos residentes seguimos tratando de imaginar lo que pensaría el Prof. Sánchez Yus cada vez que escribimos algo.

Estudiar casos con el Prof. Sanchez Yus en el microscopio multicabezal del laboratorio de Dermatopatología del Hospital Clínico San Carlos era lo mejor de cada mañana de nuestros años de residencia. Él siempre decía que, en cada biopsia, incluso en las más rutinarias y repetitivas, como carcinomas basocelulares o nevus melanocíticos intradérmicos convencionales, siempre había algún hallazgo histológico o histopatológico interesante y no pasaba al caso siguiente hasta que nos había mostrado ese hallazgo peculiar a los residentes. No era raro verle diagnosticar una leucemia linfática crónica en la sangre de la biopsia que rodeaba un pequeño cilindro cutáneo de un de un carcinoma basocelular, y esa admiración por sus diagnósticos brillantes enganchaba a cualquier residente. Para mí, fue un duro contraste durante mi fellowship en Dermatopatología, cuando el Prof. A. Bernard Ackerman en la Universidad de Nueva York emitía un diagnóstico en dos milisegundos y pasaba al caso siguiente. Entonces comprobé que había dos formas muy distintas de estudiar los casos dermatopatológicos. Afortunadamente, en el laboratorio de Dermatopatología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, no teníamos que diagnosticar 500 biopsias cada mañana. Después de estudiar biopsias cutáneas en microscopios multicabezales con muchos dermatopatólogos de todo el mundo, yo no he conocido a nadie que te hiciera disfrutar tanto con un corte teñido con hematoxilina-eosina del carcinoma basocelular más corriente y vulgar. Sabía hacerte disfrutar, divertirte estudiando biopsias, destacarte los hallazgos que deberías aprender en esa biopsia y corregirte tus errores diagnósticos ofreciéndote criterios para no cometer ese mismo error cuando vieras otro caso igual. Solo el Prof. Sánchez Yus, y quizá el Prof. Ackerman, conseguían transmitir esa pasión por la Dermatopatología a sus estudiantes en un microscopio multicabezal. Con los años, comprobé que el Prof. Sanchez Yus y el Prof. Ackerman tenían mucho en común y uno de los mayores placeres que me ha proporcionado la Dermatopatología fue presentar al Prof. Sanchez Yus al Prof. Ackerman y que después fueran amigos durante muchos años. Desgraciadamente, estas dos figuras de la Dermatopatología mundial han pasado ya a ser parte de la historia de nuestra especialidad, pero su legado sigue vivo en los numerosos dermatopatólogos que ellos han formado. Creo que todos los alumnos del Prof. Sánchez Yus hemos aprendido a disfrutar cada biopsia cutánea, ya sea de rutina o de consulta. Todos los que nos formamos con él hemos comprobado como la biopsia cutánea, a pesar de los avances en otros campos, sigue siendo la técnica de mayor rendimiento diagnóstico en nuestra práctica diaria. Ojalá los residentes del Prof. Sánchez Yus hubiéramos sido capaces de transmitir esa pasión por la Dermatopatología a nuestros respectivos residentes, pero desgraciadamente creo que no ha sido así.

Es difícil destacar las principales aportaciones del Prof. Sánchez Yus a la Dermatopatología porque son muchas. En mi opinión, sus descripciones de nuevos hallazgos en entidades raras y no previamente descritas, sin dejar de ser importantes, no son su principal aportación. Creo que el mayor mérito del Prof. Sánchez Yus ha sido el haber aportado nuevos hallazgos y criterios histopatológicos muy útiles para el diagnóstico de procesos dermatológicos corrientes, como las paniculitis, las vasculitis, el queratoacantoma o los nevus melanocíticos, por citar solo algunos de los campos donde él hizo aportaciones importantes que hoy se estudian en los libros de texto. Cuando algo no lo tenía claro, lo estudiaba de manera prospectiva en un largo número de casos y muchas veces ese estudio era solo para conocimiento personal, sin que nunca llegara a publicarlo. Recuerdo, por ejemplo, que durante dos años consecutivos pidió una tinción de orceína a todas las biopsias cutáneas de esos dos años, fuera cual fuera el diagnóstico, porque quería estudiar en profundidad cómo estaban las fibras elásticas de todos los procesos dermatológicos y cómo eran las fibras elásticas de la piel normal en las distintas localizaciones anatómicas. Estudió detenidamente las fibras elásticas de más de 10.000 biopsias cutáneas consecutivas. Aunque nunca publicó sus hallazgos, yo siempre le consulté cualquier anomalía de las fibras elásticas de mis casos y siempre resolvió mis dudas. Nuestros respectivos hospitales están uno enfrente del otro y durante muchos años yo he tenido el privilegio de solo tener que cruzar la calle para resolver mis dudas. Le he echado mucho de menos estos últimos años en los que ya no estaba ahí enfrente.

Otra característica profesional de Prof. Sánchez Yus era su generosidad. Siempre ofrecía de manera altruista su opinión diagnóstica en cualquier caso que le preguntasen en cualquier reunión o en cualquier biopsia consulta que recibiera, fuera de donde fuera. Creo que la Sanidad pública y la Universidad pública españolas están en deuda con el Prof. Sánchez Yus. Él dedicó toda su carrera profesional a ambas entidades, siempre trabajando en la Medicina pública y sin ninguna actividad privada, pero, en mi opinión, no recibió el trato que merecía de ambos organismos. En el momento de mayor conocimiento y experiencia y de mayor proyección científica internacional de su carrera, el Prof. Sánchez Yus no alcanzó la Jefatura de Servicio de su Departamento a la que optó, que fue ocupada por otros que estaban años luz por debajo del nivel profesional del Prof. Sánchez Yus. Por razones políticas también, no consiguió el nombramiento de Catedrático de Dermatología hasta pocos años antes de jubilarse, y como sucedió también con el Prof. Luis Iglesias, siendo el mejor candidato y el que realizaba el mejor examen, la plaza  se otorgaba por el tribunal a otro candidato. Yo viví a su lado muchos de esos de esos exámenes fallidos y una de las cosas por las que más admiración siento por el Prof. Sánchez Yus, es que esas injusticias nunca le desanimaron y seguía trabajando con el mismo entusiasmo. Ojalá la Dermatología y la Dermatopatología españolas tuvieran más dermatólogos como el Prof. Sánchez Yus. En mi último año de actividad profesional, soy más bien pesimista y creo que la Dermatología actual va por otros caminos diferentes a los que yo aprendí del Prof. Sánchez Yus y he tratado de llevar a la práctica en mi vida profesional. No digo que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero sí distinto. Y me gustaría equivocarme para bien del futuro de la Dermatología.

Gracias Evaristo por todo lo que nos enseñaste, tanto a tus residentes como a los que no lo eran y se sentaban contigo al microscopio. Y gracias por tu amistad durante más de 40 años. Siempre me apoyaste más de lo que yo merecía. La Dermatología y la Dermatopatología te echarán de menos. Y sobre todo yo, porque he perdido a mi ídolo y a mi modelo como persona y como profesional. Descansa en  paz.

Luis Requena

Servicio de Dermatología, Fundación Jiménez Díaz

Universidad Autónoma

Madrid